Lema 2021
LEMA: COMPARTIMOS Y ENTREGAMOS LA VIDA

Este año retomaremos, en parte, el lema del curso anterior porque creemos que lo que vivimos exige de nosotros un mayor compromiso en el compartir y entregar la vida.
No podemos ser indiferentes al sufrimiento de tantos hermanos, que han pasado o están pasando por el dolor de la enfermedad, y muchos también por la muerte de algún ser querido. Y numerosos son los que han sufrido siempre por la falta de recursos, por no tener lo necesario para vivir con dignidad, y que hoy se encuentran como consecuencia de esta pandemia, sumergidos en una pronunciada pobreza.
Tenemos un compromiso con la humanidad, queremos ser ese rostro de misericordia, que está dispuesto siempre a tender la mano a quienes más lo necesitan, a dar una palabra de aliento, a trasmitir esperanza y a buscar medios para socorrer a los que pasan hambre.

La vida que recibimos de Dios y se nos da cada día en sobreabundancia es un misterio de gratuidad y amor. Cotidianamente experimentamos cómo todo lo que somos y tenemos, lo que hacemos y ofrecemos nos ha sido dado. Cuando comprendemos esto, nace espontáneamente una profunda gratitud por este Dios que nos ha regalado la vida y nos ha colmado de bienes. Y con la gratitud nace también una serena alegría por tanto bien recibido, y como consecuencia lógica surge la gratuidad, es decir, el entregar nuestra vida al servicio de los demás.

El lema de este curso nos recuerda que la vida se acrecienta dándola, ya que lo que ponemos a disposición de los demás crece y se desarrolla cada vez más, y nos da la valiosa y pacificadora certeza de que todo es don, nosotros lo somos y estamos llamados a seguir siéndolo siempre.

En este recorrido nos acompañarán cuatro textos del Nuevo Testamento:

• Jesús calma la tormenta (Mc. 4, 35-41)
Lectura elegida por el Papa Francisco en su homilía durante la bendición extraordinaria Urbi et Orbi en estos tiempos de pandemia.
“El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor.
El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita.
No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.”

• Himno a la caridad (1Cor 13,1-8.13)
Esta vida la hemos recibido por puro amor de Dios y estamos llamados a amar del mismo modo a los demás. El amor es el “estilo” de Dios y del creyente, es el comportamiento de quien, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí mismo a Dios y al prójimo.

• La parábola de los talentos (Mt. 25, 14-30)
Esta parábola nos muestra que todo lo que hemos recibido es para ponerlo al servicio de los demás, para hacerlo fructificar.
El primer talento que hemos recibido es la “vida” y, como expresa la parábola, podemos hacerla fructificar el cien por ciento o podemos malgastarla. Estamos llamados a dar fruto, a dar vida, a entregar nuestra vida para que otros tengan vida y vida en abundancia.

• El juicio final (Mt. 25, 31-40)
Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado cerca del que lo necesita, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay con frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: “A mí me lo hicisteis”.
Hoy estamos llamados de un modo especial a vivir este texto del Evangelio…queremos ayudar a quienes más lo necesitan.

Estamos en la etapa de la vida de Ana María más adulta, capaz de salir de sí misma, habiendo madurado su misión en la Iglesia y en el mundo, dispuesta a sanar las heridas propias y de los demás, practicando hasta el sacrificio el servicio de caridad junto a sus hermanas. Vall d’Ora será el lugar de entrega total al hermano que sufre y que está herido, dando con sencillez lo que ha recibido, sin hacer distinción de bandos y siendo para todos ellos “madre”.

El lema de este año nos invita a practicar y fortalecer estas actitudes:

• La caridad universal, un amor que no hace acepción de personas, que ama a todos, especialmente a aquellos que son menos amables a los ojos de los demás, a aquellos que a consecuencia de esta pandemia, se encuentran más heridos, más vulnerados, más pobres. Un amor que comprende que estamos todos en la misma barca y que al brindarnos, nos salvamos todos, sin distinción.

• El servicio y la generosidad, todo lo que hemos recibido debemos ponerlo al servicio de los demás, porque sólo se fructifica dándolo. Y debemos ser generosos, compartir
y entregar todo lo que podemos, sin escatimar nada. Cuando ejercemos el servicio y la generosidad, invitamos a Jesús a nuestra propia barca…

• La sencillez, que es propia de aquellos que son conscientes que todo lo que poseen no lo han merecido, sino que lo han recibido por pura gratuidad de Dios y por lo tanto, con sencillez deben compartirlo. Allí estamos en la barca, frágiles y sencillos, necesitados sólo de fe, de su Presencia salvadora.

Una frase que nos sirve de luz en el camino de este año es:

“Mi vida toda sacrificaré al servicio de mi Dios en los pobrecitos enfermos, en los desvalidos…”


Logo 2021

EXPLICACIÓN del Logo de este año:

Las dos manos conforman un círculo que simboliza por un lado el logo del instituto con la espiga y los colores de la Segarra y por otro aquello que no tiene principio ni fin, porque a la hora de compartir y entregar... no debe darse "hasta aquí", medias tintas, medidas... Entregar la vida, de la forma que sea, ha de hacerse con total plenitud y libertad.

La mano con la llama de fuego, símbolo de la lámpara de Ana Mª Janer, es más grande y representa el carisma que se comparte y que entrega vida al mundo, el que está también representado en la circularidad de las dos manos. El carisma janeriano quiere abrazar al mundo.

La forma y posición del lema quieren simbolizar cómo fluye la vida; como si se le estuviera haciendo un ecocardiograma. Por eso el inicio y final de la frase son ondas. Su posición ascendente indica vitalidad.

La palabra VIDA está formada con un juego de formas: el corazón y las ondas. El color es rojo burdeos porque simboliza la sangre. Ella da la vida, nos mantiene vivos, fluye por el corazón y todo nuestro cuerpo, para darnos la energía necesaria para poder entregarnos a los demás. Representa el Amor, que recibimos de Dios y de nuestros hermanos, que nos mueve, que trasciende las acciones y que impulsa nuestra vida para darla.


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